Hay organizaciones que nacen de una convicción. ICEERS —acrónimo de International Center for Ethnobotanical Education, Research, and Service— nació de un documental. En 2004, el cineasta holandés Benjamin De Loenen terminó su trabajo de fin de grado sobre la ibogaína, una sustancia derivada de la raíz del arbusto africano Tabernanthe iboga y con un potencial extraordinario para el tratamiento de las adicciones. El documental, Ibogaine: Rite of Passage, fue presentado en festivales de cine, congresos de psiquiatría y ante todo tipo de audiencias, siempre con la misma reacción de sorpresa: ¿cómo era posible que una planta con ese potencial terapéutico fuese prácticamente desconocida para la medicina occidental y perseguida por la ley?
De esa pregunta nació la fundación, primero en Holanda en 2009 y con sede definitiva en Barcelona, donde sigue operando con un equipo multidisciplinar de científicos, antropólogos, comunicadores, abogados, psicólogos y especialistas en políticas de drogas. ICEERS se define hoy como la organización de referencia en el mundo para afrontar los desafíos que plantea la globalización de las medicinas tradicionales indígenas: la ayahuasca, la iboga, el cannabis y, en general, el encuentro —a menudo conflictivo— entre el saber ancestral de los pueblos originarios y las sociedades del Norte Global.
Lo que hace singular a ICEERS dentro del ecosistema psicodélico internacional es su voluntad de actuar simultáneamente en varios frentes. En el frente científico, la fundación ha construido a lo largo de sus más de quince años de existencia el grupo de investigación con mayor número de publicaciones sobre ayahuasca del mundo, con más de cien estudios publicados en revistas indexadas de revisión por pares. José Carlos Bouso, psicólogo clínico y doctor en Farmacología por la Universidad Autónoma de Barcelona, dirigió durante años esta área, coordinando proyectos sobre cannabis, ayahuasca e ibogaína en instituciones como el Instituto de Investigación Biomédica IIB-Sant Pau, el IMIM de Barcelona o la Universidad de São Paulo. Bajo su impulso, ICEERS consolidó una cultura de investigación que evitó tanto la euforia acrítica como el alarmismo injustificado, aportando evidencia útil para profesionales, administraciones y ciudadanía.
En el frente legal, ICEERS creó el Ayahuasca Defense Fund, un fondo de defensa legal que proporciona asesoramiento gratuito a personas que enfrentan procesos judiciales por el uso de plantas como la ayahuasca o el cannabis, coordinado por la abogada y especialista en derechos humanos Natalia Rebollo. Desde 2010, la fundación ha intervenido en procedimientos judiciales de múltiples países, sus estudios científicos han sido utilizados como prueba en juicios y sus informes técnicos han contribuido a cambiar el marco del debate legal sobre estas plantas en Europa y América Latina.
En el frente comunitario, ICEERS ha organizado las tres ediciones de la Conferencia Mundial sobre la Ayahuasca —en Ibiza (2014), Río Branco, Brasil (2016) y Girona (2019)—, creando un espacio plural donde voces indígenas, académicas, terapéuticas y comunitarias han podido dialogar en pie de igualdad. Òscar Parés, director adjunto y uno de los miembros fundadores, fue el artífice principal de estas conferencias, articulando redes internacionales que pusieron a ICEERS en el centro de un debate que trasciende la ciencia y toca la justicia intercultural, la soberanía de los conocimientos indígenas y los derechos humanos.
En el frente de la reducción de daños, ICEERS fue pionera en Europa. En 2010, en colaboración con Joan Colom, entonces responsable de Salud de la Generalitat de Catalunya, organizó la primera jornada institucional europea sobre ibogaína. Años después, ese trabajo cristalizó en algo sin precedentes en el mundo: en 2019, el Departament de Salut de la Generalitat publicó la guía Hacia mejores prácticas en el uso de la ayahuasca, elaborada por ICEERS y Marc Aixalà —psicólogo, psicoterapeuta y fundador del Centro de Apoyo de la fundación—, siendo la primera vez que una institución pública editaba una guía de reducción de riesgos para las ceremonias de ayahuasca.
Ese Centro de Apoyo, operativo desde 2013, ha atendido más de mil consultas de personas que han tenido experiencias difíciles o que buscan ayuda para integrar lo que han vivido en sesiones con plantas psicoactivas. Es la estructura asistencial más longeva de Europa en su campo y el semillero desde el que ha brotado ICEERS Academy, la plataforma formativa de la fundación donde por ej se imparten cursos sobre seguridad en las ceremonias de Ayahuasca como AYASAFETY.
En su trayectoria más reciente, ICEERS ha llevado a cabo el primer ensayo clínico que se ha realizado en el mundo con ibogaína para el tratamiento de la dependencia a los opiáceos, enmarcado en un programa de reducción de daños en Cataluña. En 2026, representantes de la fundación participaron en la primera jornada parlamentaria en España dedicada a las psicoterapias asistidas con psicodélicos, celebrada en el Congreso de los Diputados. Y en 2025, después de quince años de trabajo conjunto, los nombres que habían construido la fundación —Òscar Parés, José Carlos Bouso y otros colegas fundacionales— iniciaron nuevos caminos fuera de la estructura, marcando el comienzo de una nueva etapa que la organización está atravesando con madurez institucional.
ICEERS se ha consolidado como una de las entidades más influyentes a escala global en el ámbito de las medicinas psicoactivas tradicionales. Su relevancia no descansa en el volumen de recursos ni en su dimensión institucional, sino en la solidez de su recorrido científico, la consistencia de su marco ético y su determinación por situarse allí donde confluyen evidencia, justicia y comunidad.